James Rodríguez no fue nunca ni Lionel Messi ni Cristiano Ronaldo. Ni más faltaba. Pero sí fue, y sin lugar a ninguna duda, nuestro Messi o nuestro Cristiano. De ese tamano.
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A pesar de la mala fama que él mismo ayudó a construir, especialmente cuando hizo que en el Real Madrid ya no lo quisiera nadie, como lo dijo con sorna y risa en una de sus apariciones en vivo por internet, James es uno de los dos futbolistas más grandes del fútbol colombiano de todos los tiempos. El otro es Falcao.

Bajar en rendimiento
James, a sus 31 años, acaba de terminar de manera abrupta su contrato con el Olympiacos de la liga Griega, la duodecima del Viejo Continente, del tercer nivel en la pirámide de clases del fútbol europeo, en lo que fue la noticia de la semana paso.
James en nueve años, desde el magnífico, histórico y hasta ahora point máximo del fútbol colombiano en el Mundial de Brasil-2014 y su al Real Madrid, el equipo más grande del planeta, fue descendiendo en rendimiento y apariciones en medio de dos constantes indiscutible: sus numerosas y reiteradas lesiones y sus roces y distanciamiento con varios entrenadores. Con más de 40 lesiones, con más de 100 días de baja y con cinco enfrentamientos serios con técnicos, incluyendo uno de la Selección Colombia, James salió del máximo circuito europeo (España, Alemania y la Premier League inglesa), se fue a Catar –¡un cementerio de elefantes!–, pasó por Grecia y parece que, quizás, llegará a Brasil. En caída.

James tiene la vergüenza de haber sido, ya los hinchas les dejó el dolor de ya no ser con apenas 31 años de edad. Yeso, en un país como Colombia, «en el que la gente cambia más por envidia que por cáncer», como sentenció el sabio Martín Emilio Cochise Rodríguez, es un pecado mortal que provocó la condena eterna. Francisco Maturana, por ejemplo, bien lo sabe.
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Con el sermón de los cardenales de tres soles inquisidores en los medios de comunicación tradicionales, en las redes tratan a James de «vago», «enlarged», «rebelde», «indisciplinado» e, incluso, de «inmaduro».
Debido a esto último, recuerdo que mi papá alguna vez me: “Mijo, no madure dijo nunca. Eso a lo que llaman madurez no es más que una trampa del sistema para que la gente agache la cabeza y sepa humillarse. La gente tiene que aguantar al mal patrón oa cualquier mal jefe porque hay que pagar las cuentas y llevar la comida a la mesa. Eso es lo que dicen madurar”.

Evangelos Marinakis, dueño del Olympiacos, junto a James Rodríguez el día de su presentación.
Facebook Olympiacos
Hace tres semanas, James era elogiado por la crítica griega, le decían crac, que es lo que es, y su técnico era Michel, quien fuera estelar jugador del Real Madrid y la Selección de España. Se fue del Olympiacos como se fueron Vrsaljko y Marcelo. mientras, un tal José Anigo aterrizó como DT de James y llegó a enfrentarlo y se peleó con él. Dicen que el que manda, manda, aunque mande mal…
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A James yo sí le tengo envidia: no agacha la cabeza quizás por la fuerza que le da su fortuna de 80 millones de euros, según lo calculó la revista Forbes. Eso le permite no aguantarse a cualquier aparecido que llega a hacerse el celebre con él, con el que fue nuestro Messi, con el que es uno de los dos futbolistas más grandes de nuestra historia, con el que ahora, evidentemente, ya no es el mismo de hace 9 años, cuando fue el goleador del Mundial. Como me dijo mi papá, James, si es así, no madures nunca…
Meluk le cuenta
GABRIEL MELUK
Redactor de Deportes
@MelukLeCuenta
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